domingo, 6 de septiembre de 2015

La Juventud

NUESTRA JUVENTUD



Actualmente la juventud ha pasado a un primer plano. Su poder e influencia es mucho mayor hoy que hace unos años. Los jóvenes constituyen sin duda un sector sobresaliente dentro de la comunidad.
Asistimos a una "juvenilización" de la sociedad. Los jóvenes imponen sus formas de hablar, modas, gustos, aficiones... en la sociedad.

Factores que explican la actualidad de los jóvenes

- Uno de ellos, es el poder económico de los jóvenes. Son los principales consumidores de ciertos productos. Su poder económico se ha hecho más manifiesto porque gastan el dinero en artículos muy llamativos, y su consumo tiende a concentrarse en determinados sectores del mercado.
- Las demandas de los jóvenes se han hecho importantes dentro de la sociedad y sus actividades son difundidas por los medios de comunicación de masas: la prensa, la radio y la T.V. tienden a crear mitologías de la juventud. Divulgan la imagen del "joven típico" y los que no se ajustan a ella empiezan a notar que es como si les faltase algo.
Los adultos pueden reaccionar ante esto con una mezcla de aturdimiento, desdén o envidia.
- Otro de los motivos de este auge se debe a la aceleración del desarrollo psicofísico. Las niñas se hacen mujeres antes, los chicos alcanzan la madurez física antes. Los problemas sexuales, religiosos, políticos, sociales, familiares..., etc., aparecen también antes que en eras históricas anteriores.
- Los jóvenes se encuentran cada vez más capacitados para adaptarse al mundo en que viven, hoy se lee más, se estudia más que en los tiempos de nuestros padres. Resulta evidente el número de jóvenes que frecuenta las escuelas, colegios, institutos, escuelas técnicas, centros de artes y oficios, universidades... etc. Se crea un gran sentido comunitario y una sensibilidad nueva para sentir la injusticia social.
- Los jóvenes se hallan en condiciones más ventajosas que el hombre maduro o anciano que tienen ya hechas sus vidas. El cambio rápido, el progreso y las novedades son asimiladas más pronto por los jóvenes.
- El mismo incremento de la población juvenil -en nuestro país existen 13 millones de personas menores de 25 años, o sea casi el 45% de la población total- acarrea problemas de falta de puestos de trabajo, falta de espacio en escuelas y universidades y ello crea a veces problemas y actitudes agresivas.
- Junto a ello, hay que destacar el importante papel que va teniendo la mujer en la vida social y cultural. De ser solamente novia, esposa, ha pasado a ser compañera, amiga y miembro del mismo equipo de trabajo o estudio. En las escuelas, fábricas, oficinas, comercios, universidades... la mujer está muchas veces luchando por equipararse al hombre, teniendo el mismo papel, similares necesidades y las mismas metas que el hombre.
Hay una mayor relación entre chicos y chicas, y esto hace que esas relaciones se produzcan en un clima de mayor naturalidad y exento de los prejuicios y tabúes de otras épocas.
Todos estos factores y muchos otros han de tenerse en cuenta para conocer y comprender a los jóvenes. De ahí que solamente un enfoque pluridimensional sea válido para un conocimiento más exacto de cómo son los jóvenes actuales.


La Juventud y la Autoestima

¿QUE TANTO AFECTA LA AUTOESTIMA?


Para muchas personas, la autoestima solamente depende de los logros y metas alcanzados, con independencia de las cualidades y peculiaridades de cada uno.
Valorar la autoestima sólo por lo externo, a pesar de ser un punto de vista parcial, está cada vez más en boga: vales por lo que tienes, por lo que aparentas. No importa en realidad lo que eres.
Quizá por eso, con frecuencia, la autoestima aparece "sobreestimada", y es cada vez más difícil de lograr.
En un ambiente así, son los adolescentes quienes -quizá- lo tienen más difícil, ya que por definición, no se conocen a sí mismos, y dependen de los valores que se les presentan para poder juzgar lo correcto o incorrecto de sus actuaciones.
Cuando abunda la trivialización de la vida (a través de modas y modelos más bien desafortunados), se vuelve  todavía más complicada la superación exitosa de la adolescencia. 
Nadie puede descubrirse a sí mismo sin entrar en relación con los otros, sin catar cómo es él o ella y compararse con lo que los demás esperan que sea. Pero esos otros, sus amigos, su "mundo", su familia ¿de dónde sacan las ideas de cómo debe ser alguien "normal"? De lo que se refleja en la opinión pública que, a grandes rasgos, está constituida por los valores que se cotizan en la familia, la escuela, la Iglesia y -¡como no!- en los medios masivos de comunicación: televisión, cine, revistas, prensa escrita, etc.
Preguntémonos, pues, ¿cuál es el inventario de valores que la mayoría de los adolescentes parece tener hoy en sus mentes? ¿Cuáles son los modelos que imitan, y por qué los imitan? ¿En qué espejo se miran? ¿Quiénes son sus héroes, sus prototipos, sus ídolos.?
Hace unos días conocí los resultados de una investigación, publicados por un psiquiatra español, en el que destaca que, entre hombres y mujeres adultos, los rasgos más valorados hoy en día son aquellos que hacen referencia a cualidades físicas, a la personalidad y al sentido del humor. Mientras que la inteligencia, las cualidades morales o la coherencia de vida prácticamente no aparecen.
En el caso de los varones adolescentes se destaca cómo todos tienen afán por sobresalir en algún deporte, de tener cuanto antes un cuerpo de adulto (alto, musculoso y bien proporcionado); todos buscan la posibilidad de ganar -con el menor esfuerzo posible.-, alguna cantidad de dinero,  de caer bien a las muchachas y ser populares. Y en cuanto a las adolescentes, quizá el valor que más interesa es el de responder a los patrones populares de belleza (han de ser guapas o, al menos, parecerlo), comprendiendo erróneamente que la apariencia agradable les abrirá todas las puertas de la vida.

En todos los casos: hombres y mujeres, adultos y adolescentes, el valor de la imagen (primero el tipo, luego el rostro, luego el cuerpo), ha ido cobrando una importancia cada vez mayor en esta sociedad nuestra. La personalidad se percibe como un valor de segunda clase, la inteligencia como un rasgo menor, el ser responsable y buen trabajador -a veces-, puede incluso estar mal visto.
Todo esto arriesga a los adolescentes a enfrentarse con tres grandes peligros: en primer lugar la dificultad de lograr una autoestima adecuada, al pretender buscar solamente valores externos, físicos o superficiales; sin caer en cuenta de que la adolescencia es la etapa de los grandes ideales, de soltar amarras y dirigir la nave de la propia vida a un puerto que valga la pena. En segundo lugar, al desconocer en qué aspectos fundamentan los demás su propia autoestima, pueden perder la posibilidad de buscar los valores que de verdad humanizan.  Y, en último término, al vincular en exceso las características del propio género con aspectos superficiales o secundarios, se corre el riesgo de caer en una crisis personal de identificación consigo mismo o consigo misma.
Quizá por eso hay tantos y tantas empeñados en encontrar su autoestima perdida. O en vender su dignidad por unos pocos billetes para poseer, o para hacer hasta lo imposible por bien parecer físicamente.
Y sin duda, por eso, los adolescentes suelen ser presa fácil de los mercaderes de imagen, de aquellos que venden superficialidad y frivolidad.
La autoestima es, en realidad, producto del auto-conocimiento, valoración de las propias cualidades y consecuencia de haber encontrado un norte seguro hacia el que orientar los pasos. Y ¿cómo no? De caminar hacia la meta, esforzarse, luchar; hasta lograr que se valore la lucha y no solamente los resultados.

Etapa de rebeldía

UNA JUVENTUD REBELDE


La rebeldía juvenil

Los jóvenes con toda su viva imaginación, su capacidad creadora, su rapidez de reflejos, fácil memoria y su propensión al entusiasmo viven en un mundo rígido, llevado por los mayores, a los cuales se enfrentan.
Los jóvenes acusan a los mayores de un excesivo amor por el dinero y el bienestar, de una explotación de la gente, de deshonestidad en los negocios, corrupción en la política y un acusado conservadurismo e hipocresía. Atacan el "buen aparentar" ante la sociedad.
Rechazan la sociedad establecida y dentro de ella, sus lacras y, en muchas ocasiones, también sus logros. Por eso se marginan a veces, entendiendo de modo diametralmente opuesto a los adultos las grandes cuestiones de la vida: amor, trabajo, religión. En esta oposición son tan dogmáticos como los adultos en su seguridad instalada.
Los adultos, por su parte, acusan a los jóvenes de irresponsabilidad e incongruencia, de su afán destructor sin ofrecer un programa constructivo a cambio, de una visión del presente que ignora el pasado y de un idealismo utópico que no conduce a nada práctico.
Los jóvenes, dicen los adultos, desafían las normas y la autoridad que las mantiene, adoptan modos y atuendos excéntricos, no se ajustan a los patrones convencionales de la convivencia entre los sexos, protestan demasiado en sus canciones, violencias, manifestaciones... "En mis tiempos..." es su frase favorita.




En síntesis, los jóvenes se quejan de falta de libertad -la opresión de la sociedad de consumo- y los adultos les acusan de falta de responsabilidad.
¿Qué subyace bajo este conflicto?
Se trata, sin duda, de un conflicto de valores muy complejo, inherente a la sociedad industrial contemporánea. Muchos de los principios básicos del comportamiento humano, indiscutidos durante siglos, han sido sustituidos por valores cambiantes que se apoyan en argumentos de modernidad, ligados al desarrollo científico y técnico y a los cambios sociales. De ellos se deriva un enfrentamiento entre estos modos de actuar más propicios de los jóvenes y lo que ellos mismos peyorativa mente consideran tradiciones superadas.
Estas conductas no pueden entenderse como problemas meramente individuales sino que tienen su origen en los conflictos de nuestra sociedad.
Muchas conductas "marginales" deben entenderse como una respuesta peculiar del individuo a la estructura social. Y así determinadas personas, como pueden ser los jóvenes, son más vulnerables y pueden ser afectados por estos conflictos sociales.

Juventud de Cambios


JUVENTUD QUE GENERA CAMBIOS 



El catalizador es un agente químico que al mezclarse con otros químicos provoca una reacción, una transformación, un cambio. Así son los jóvenes, son agentes de cambio.

Cada generación es marcada por la influencia de los jóvenes. Son los jóvenes los que establecen los gustos, las modas, los estilos musicales, las frases populares, etc.

Las grandes compañías están siempre atentas a los gustos de los jóvenes para sus campañas publicitarias. Los jóvenes son el pulso que marca el ritmo en nuestro mundo moderno. La influencia que los jóvenes pueden provocar sobre la sociedad no siempre es positiva.

Aún estamos sufriendo las secuelas de una generación de jóvenes que impuso las drogas y la promiscuidad como moda. El impacto que los jóvenes tienen sobre la sociedad se debe a su espíritu libre y audaz. Cuando algo les gusta, lo abrazan con pasión no importando las consecuencias. Ellos, a diferencia de los adultos, no son regidos por paradigmas paralizadores.
Es en la edad de la juventud que los sueños nacen, es la etapa en la que todo es posible. Hay algo en lo que los jóvenes se parecen a Dios, y es en su fuerza. Una y otra vez en las escrituras leemos acerca de la fuerza de Dios, pero también leemos acerca de la fuerza de los jóvenes. “la gloria de los jóvenes es su fuerza…” dice Proverbios 20:29

Juan dice de los jóvenes: “os he escrito a vosotros jóvenes porque sois fuertes” 1 Juan 2:14. Los jóvenes que buscan la pureza son aún más fuertes. “El limpio de manos aumentará la fuerza” Job 17:9
El cine, la televisión, y los sellos disqueros han explotado la fuerza de los jóvenes.

Solo tienes que prender la televisión o la radio para ser testigo del derroche de energía de muchos actores y músicos jóvenes. En la mayoría de las ocasiones hay poco talento, pero estos jóvenes están llegando a multitudes con su pasión y su energía.
No solo el cine y los sellos disqueros han aprovechado la fuerza de los jóvenes. A través de la historia tiranos con ideas distorsionadas y extremistas han abusado y siguen abusando de la fuerza y la pasión de los jóvenes para cumplir sus propósitos utilizándolos como carne de cañón y hombres bomba.

Dios ha cumplido muchos de sus propósitos a través de los jóvenes. Solo tenemos que leer la Biblia para ver las historias de Josué, David, Gedeon, Daniel, Sadrach, Mesach, Abednego y Jesús mismo, para darnos cuenta que Dios quiere utilizar a los jóvenes.
La iglesia necesita la fuerza y la pasión de los jóvenes para combinarla con el discernimiento y el consejo de los adultos. Esta es una formula de éxito.

Ni los jóvenes pueden solos, ni los adultos tampoco.
Si no aprovechamos la fuerza de los jóvenes el enemigo la aprovechara como lo ha estado haciendo.
El consejo bíblico para los jóvenes es que inviertan su fuerza en el lugar correcto.
 
“Ahora pues, hijo, oídme, Y no os apartéis de las razones de mi boca… No sea que extraños se sacien de tu fuerza y tus trabajos estén en casa del extraño” Prov. 5:7,10
El problema de muchos líderes es que cuando ven a los jóvenes los ven a través de filtros que no les permite aceptarlos.
Esos filtros tienen que ver con ideas acerca de cómo los jóvenes se deben de vestir o peinar, que tipo de música deben escuchar, o como deben hablar.

Tal vez los jóvenes utilicen un lenguaje diferente o su forma de vestir o peinarse no se adapte a los gustos de los adultos pero todo esto es secundario.

Los pastores y líderes no deben de perder tiempo en asuntos de orden secundario, sino dedicarse a enseñar principios y canalizar la pasión de los jóvenes.

Los jóvenes están buscando un líder para seguir, una pasión para vivir y una meta para alcanzar.

Esta es la generación de los deportes extremos, la música y las emociones fuertes. Nuestros programas para jóvenes deben de suplir estas necesidades.

Es importante que aquellos a los cuales ponemos como lideres de nuestros jóvenes, sean apasionados y entiendan el pulso de esta generación para que puedan realmente desafiarlos. Es también importante que sean prácticos y tengan metas realistas acerca de lo que persiguen como grupo de jóvenes y congregación.
Recientemente participe en un congreso de jóvenes y al concluir me quede a compartir a la congregación el domingo por la mañana y la verdad es que la diferencia era extrema, la reunión dominical, compuesta en su mayoría de adultos no tenía el fluir y la pasión que mostraban los jóvenes en el congreso. Era muy distinta.

El avivamiento por el que tanto hemos estado orando en México y Latino américa tendrá cara joven. Serán los jóvenes los que despertarán a muchos adultos que se han conformado y juntos impactarán al mundo.